Sesiones 1:1 · La práctica de volver
Cumplís, sostenés, resolvés. Por fuera todo funciona. Por dentro, hace mucho que no sentís gran cosa.
No hablo de ejercicio. No hablo de comer mejor o de otra rutina frente al espejo.
Hablo de esa sensación de estar completamente ahí, sin necesitar explicarla.
Si tenés que pensarlo mucho, ya tenés la respuesta.
Un día se parece al otro. Los meses se te van y no sabés bien en qué. El tiempo pasa y ya ni te das cuenta.
Eso tiene nombre: adormecimiento. En algún momento bajaste el volumen para poder seguir, y funcionó, dolió menos. Pero no se apaga de un solo lado: se apaga también el placer, el deseo, las ganas de que te toquen o de tocarte vos misma.
Y eso, con tiempo y acompañamiento, se puede revertir.
Vivís en modo ejecución: despertar, cumplir, apagar. Los días se parecen tanto que ya ni los distinguís.
Y tiene sentido. En algún momento sentir se volvió caro. Un duelo que no terminaste de llorar porque había que seguir funcionando. Una traición después de la cual decidiste, sin decidirlo, que abrirte salía carísimo. Años sosteniendo todo, donde parar a sentir era un lujo que no te dabas.
Fue lo más inteligente que hiciste con lo que tenías. Dolió menos.
Pero no se apaga por partes. Se apaga el dolor, y se apaga también el placer, el deseo, las ganas de que te toquen o de tocarte vos misma.
Eso es lo que trabajamos acá: recuperar eso, despacio y acompañada.
Sigue ahí. Solo está adormecida.
Quizás pensás que venís a aprender a relajarte. Y te vas a encontrar con algo que no esperabas: el sabor real de la comida. El sol en la piel. Un descanso que no es solo apagar la computadora.
Más adelante, si toca, una relación distinta con tu sexualidad.
Simplemente te acercás, de a poco, a lo que ya sentís por dentro.
Tu naturaleza. Tu ritmo. Tu forma de percibir el placer. La relación con vos misma cuando nadie te está mirando. Eso no se explica. Se vive.
Este trabajo crea las condiciones para que eso vuelva. Desde adentro.
No hay protocolo rígido. Sí hay una dirección clara. Cada sesión responde a lo que tu cuerpo trae ese día.
No empezamos con agenda. Empezamos con silencio y con una respiración.
Tu sistema nervioso necesita sentirse seguro antes de poder abrirse. Trabajamos con respiración y con lo que tu cuerpo pida ese día para salir del modo alerta.
Guío con preguntas. Vos explorás. El toque consciente es parte de esto: sentir tu propia mano, desde adentro, con curiosidad, sin juicio.
Lo que se movió necesita tierra donde aterrizar. Cerramos con presencia, no con prisa. Y te llevás un anclaje simple, algo que podés hacer en tu día a día.
Despacio, acompañada, a tu ritmo
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Para conocernos y ver si esto es lo que estás buscando.
No es una mejora de bienestar. Es la diferencia entre administrar tu vida y sentirla.
El deseo deja de ser algo que actuás para complacer. Empieza a aparecer solo, sin que tengas que convencerte de sentirlo.
Dejás de preguntarte si "está bien" o si "está tardando mucho". Te quedás en la sensación, sin editarla.
El límite deja de ser un cálculo mental. Lo sentís en el cuerpo antes de que la cabeza lo justifique.
Te mirás y, por un momento, no hay nada que arreglar. Solo estás ahí.
El cambio más profundo es el que no sabés explicar. Simplemente lo sentís, en cómo estás con vos misma.
Que siempre quedás al final de tu propia lista. Que priorizarte se siente como un exceso, aunque en el fondo sepas que no lo es. Esto no es un lujo, es mantenimiento. El mismo que le das a todo lo demás en tu vida.
Que si empezás a sentir de nuevo, no sabés hasta dónde va a llegar. Que quizás sea demasiado. Por eso esto no se hace sola: se hace acompañada, despacio, a tu ritmo, con alguien que sabe sostener lo que aparece.
Que esto suena raro, o espiritual, o no es lo tuyo. No hace falta creer en nada todavía. No hay rituales, no hay vocabulario pesado. Solo una sesión, una conversación, y ver qué pasa.
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